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¿Qué hacer con una oposición que ignora su papel en la sociedad por carecer de cultura democrática?

por Leticia Salomón *

En una democracia verdadera, la existencia de la oposición política es una condición indispensable para garantizar la pluralidad inherente a su pueblo. Y en este crucial y difícil momento, Honduras requiere no de cualquier oposición.
Exige una oposición calificada, informada, responsable, inteligente, ponderada, comedida y propositiva.

La reflexión viene al caso por el triste papel del partido Nacional ante el gobierno de la presidente Xiomara Castro y ante Libertad y Refundación.
Miembros connotados de ese partido "opositor" se han dado a la tarea de cuestionar las iniciativas de la mandataria en un intento de asumir protagonismo.

Creen borrar así el desprestigio que arrastra su partido luego de 12 años en el poder, con saldos negativos para el bienestar de la sociedad y el futuro del país.

El déficit de cultura política democrática y de una buena dosis de cinismo es la característica que se percibe en el accionar del partido Nacional ante el gobierno.
Su estrategia consiste en hacer a un lado los errores continuos que cubrieron de desprestigio a Juan Hernández, a su familia y sus colaboradores cercanos, que se convirtieron en cómplices porque, aunque quizás no estuvieron de acuerdo con lo que ocurría, tampoco hicieron nada para impedirlo.

La ausencia de cultura democrática y la visión deformada de la realidad impide a ese partido asumir su papel como oposición.
Y puede empezar por mostrar vergüenza y arrepentimiento, y pedir perdón a la sociedad por todo el daño que le causó, por acción o por omisión.

Es vital que los opositores inicien un proceso de depuración inmediata de todo su liderazgo anquilosado, deformado, cínico, corrupto, irrespetuoso de la ley, contaminado de narcoactividad y totalmente alejado del interés general de la sociedad.
Su estrategia es dispersa, confusa, oportunista, improvisada y poco atinada porque insiste en señalar como persecución política la demanda de castigo a los saqueadores del Estado y a sus perversos cómplices.

El partido Nacional está empeñado en acudir a la ideologización obsoleta para descalificar las iniciativas del gobierno de Castro, encaminadas a sacar al país de los escombros en que lo dejaron, y en hacer planteamientos cínicos sobre lo que se debe hacer para manejar la crítica situación por la que atraviesa Honduras, como eliminar la tasa de seguridad y el impuesto a los combustibles, conociendo la situación lamentable que causaron a las arcas del Estado y la forma vergonzosa en que se apropiaron de los fondos asignados a la seguridad nacional.

En vez de la forma absurda y ofensiva de hacer oposición digna de mejor suerte, los dirigentes del partido Nacional deberían asumir un papel más humilde y contribuir a sacar al país del caos en que lo convirtieron en perjuicio de su propio pueblo.
Las principales figuras opositoras están conscientes que es muy difícil sacar adelante a su partido porque ha batido récord en tener al mayor número de señalados por corrupción y de ser solicitados en extradición por Estados Unidos por narcotráfico.

De ese desprestigio no se va a recuperar fácilmente y menos con tal "estrategia', lo que vuelve difícil, si no imposible, que logre triunfar en las elecciones futuras.

Los opositores deberían sacar lecciones y verse en el espejo del partido Liberal, cuyo deterioro institucional y desplazamiento a un tercer lugar como fuerza es la factura que le pasa la historia por su lamentable papel como protagonista del golpe de Estado de 2009 y ser incapaz de pedir perdón a la sociedad, depurar sus grupos oscurantistas y retrógrados que lo han controlado y siguen controlando.

Las grandes preguntas que se formula que el pueblo son las siguientes:
¿Cómo impulsar la democracia con partidos que no son democráticos?.
¿Cómo construir una cultura política democrática con dirigentes y partidos que continúan inmersos en una cultura autoritaria, anquilosada y primitiva?
¿Cómo conformar una oposición que busque salidas ante la multicrisis que enfrenta el país, y que sea crítica pero también responsablemente propositiva?

Y, finalmente:
¿podrán los partidos tradicionales salir de la crisis que les agobia sin movimientos internos que los sacudan con fuerza de huracán y les obliguen a ver el mundo que cambió, el país que cambió y que ahora, gracias a ellos, parece vislumbrarse «el turno del ofendido»?

No espero respuestas claras y contundentes de una oposición que no es oposición.

*Leticia Salomón, socióloga y economista hondureña. Investigadora del Centro de Documentación en temas de defensa, seguridad y gobernabilidad. Directora de Investigación Científica y Posgrado de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
Integrante del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

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