¿También habrá un post-periodismo?

Andrésn Cañizares

Cada época pone de moda palabras o frases. La de este momento es la pa­labra pandemia. Y también —obviamente— coro­navirus. Pero junto a estas pala­bras florecen las especulaciones y pronósticos sobre el mundo post-pandemia. Abundan notas y comentarios sobre cómo será la vida cotidiana o la economía una vez esté controlada la epi­demia. Es decir, cómo viviremos en la post-pandemia.

Me detengo brevemente en ese ejercicio prospectivo. A la luz de lo que vivimos hoy, jus­tamente el esquema de predic­ciones y pronósticos está se­riamente amenazado. Nadie, absolutamente nadie, podía prever las dimensiones que ten­dría la actual crisis sanitaria glo­bal cuando se celebraba la Navi­dad y nos deseábamos lo mejor para el año 2020.

Es difícil dar por sentado al­guna proyección hecha desde el aquí y el ahora sobre cómo se­rá el mundo post-pandemia. En realidad, no tenemos idea del mundo que nos espera. La incer­tidumbre reina en todos los ám­bitos de la vida social.

Partiendo de estos puntos, planteo acá tres dimensiones que a mi modo de ver deberán caracterizar el ejercicio perio­dístico post-pandemia.

En primer término, y sin duda alguna, cobra una importancia capital el periodismo especiali­zado. En países como el nuestro nunca tuvieron un gran desarro­llo, pero en diversos momentos hubo figuras destacadas en el periodismo científico o el perio­dismo de salud. Una vez que se haya controlado el coronavirus será urgente la formación de pe­riodistas en temas científicos y sanitarios. Desde el contexto es­pecifico de Venezuela, ello está revestido de urgencia.

Necesitamos periodistas ca­pacitados en temas de salud pública, epidemiologia, infec­tología, vacunación, y el etcé­tera es largo. Los periodistas no van a sustituir a los médi­cos y especialistas, pero deben tener una preparación mínima para hacer las preguntas co­rrectas y colocar en el contexto adecuado lo que expresan au­toridades sanitarias, personal de salud y las propias personas afectadas.

Ya en algún momento, en es­te mismo espacio, nos referimos de pasada al periodismo de so­luciones. Esta práctica periodís­tica de colocarse en los zapatos de los ciudadanos y brindarles información práctica ha que­dado en evidencia, en el actual contexto, como un asunto de absoluta necesidad.

Imaginemos medios de co­municación que, en un país en el cual se acabó la data oficial, brinden información sobre las farmacias de las ciudades prin­cipales con sus números de telé­fonos, en el cual se encuentren consejos prácticos para hacer frente a problemas domésticos, o sencillamente se brinde in­formación sobre las consultas psicológicas o jurídicas que las universidades ofrecen de forma gratuita como parte de su servi­cio social. Se trata nada más y nada menos que ponerse al ser­vicio de la ciudadanía.

Esto me conecta con un últi­mo aspecto. Un periodismo en la post-pandemia, así como en plena epidemia, debe ser un pe­riodismo humano. Parece una perogrullada, pero es capital que medios y periodistas entien­dan que la esencia de su trabajo es el ser humano. Las personas están en las dos puntas del hilo de una historia periodística, al inicio siendo la fuente o el pro­tagonista de lo que se cuenta, y al final siendo el público que lee, escucha o ve.

Y en medio está el periodista, otro ser humano que tiene el pri­vilegio de unir las dos puntas de ese hilo.

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