Dueños de medios y periodistas acosan a compañeras
El acoso sexual en los medios de comunicación es una forma estructural de violencia de género basada en el abuso de poder, jerarquía laboral y la normalización de conductas inapropiadas dentro de los medios periodísticos de América Latina.
El tema lo abordó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en su reunión anual realizada hoy en Bogotá, Colombia, donde se indicó que uno de cada cuatro casos de violencia en los medios corresponde a acoso sexual. Y que, en América Latina, 6 de cada 10 mujeres periodistas han sufrido algún tipo de acoso sexual en su ejercicio profesional.
Las denunciantes enfrentan barreras como el temor a la pérdida del empleo, la revictimización, la estigmatización en redes sociales y la falta de protocolos efectivos de las empresas de comunicación.
En países como Colombia, las denuncias públicas han escalado a procesos judiciales y disciplinarios, incluyendo imputaciones de la fiscalía a figuras de medios y despidos en canales de televisión, desatando debates sobre la urgencia de reestructurar la cultura organizacionalen la prensa.
Lo común es el abuso de jerarquía de jefes, editores y directores que condicionan la permanencia, el crecimiento profesional y la estabilidad económica a favores sexuales de las periodistas.
Los piropos, valoraciones sobre el físico, bromas sexistas y la exposición innecesaria de las presentadoras de televisión bajo estándares de «atractivo visual» son las formas más comunes de la sexualidad en los medios.
También el hostigamiento digital en amenazas, ataques coordinados o difamación en línea contra periodistas que deciden romper el silencio y denunciar la violencia sexual en los medios.
¿Por qué los medios de comunicación le temen tanto a la denuncia de acoso de periodistas?
Se debe a que el acoso sexual es impulsado por el poder, no por el sexo.
Dondequiera que hay desequilibrios de poder, hay personas que corren el riesgo de sufrir ese fenómeno social.
En el panel «Acoso sexual en las redacciones: prevención, respuesta y liderazgo para construir espacios seguros», destacadas periodistas y expertas de la región alertaron sobre la gravedad de la problemática en los medios de América.
En el informe «Medios sin Violencia», la SIP destacó que el 28% de las agresiones hacia periodistas son de índole sexual, y casi la mitad ocurren dentro de sus propios lugares de trabajo.
En cerca del 50% de los casos reportados, el agresor ocupa una posición jerárquica superior a la de la víctima, lo que dificulta las denuncias por miedo a represalias laborales.
Bibiana Aído, directora regional de ONU Mujeres, señaló que el acoso y la violencia digital –que afecta al 75% de las periodistas, funcionan como herramientas disciplinadoras que llevan a que el 45% de las afectadas opte por la autocensura.
Y eso afecta directamente la libertad de prensa y la calidad democrática.
Las participantes coincidieron en que romper el silencio es el primer paso.
La SIP instó a que los medios de comunicación —tanto grandes como pequeños— a reconocer el problema, dejen de justificar comentarios inapropiados, adopten protocolos internos claros y canales seguros de denuncia.
La SIP denunció casos particulares de periodistas que se expusieron en la reunión.
Los testimonios personales de reconocidas figuras evidenciaron la cruda realidad del acoso oculto tras la normalización, el miedo y la impunidad en los medios de comunicación.
Claudia Palacios: Reveló que al inicio de su carrera, sus compañeros ni siquiera la llamaban por su nombre, sino que se referían a ella como «la tetoncita». Recordó la frustración de denunciar las miradas incómodas de colegas y ejecutivos, y recibir como respuesta de otros hombres de la redacción: «¿Qué culpa tiene él de que usted sea bonita? Regálele unas gafas oscuras».
Jineth Bedoya:
La editora de género de El Tiempo dio un paso contundente al revelar que denunció penalmente ante la fiscalía a un periodista con más de 25 años de trayectoria en esa misma redacción, acusado de acosar sistemáticamente a jóvenes periodistas y practicantes.
Bedoya Lima vs. Colombia: Se recordó que la sentencia histórica de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) determinó que las agresiones hacia mujeres periodistas conllevan una violencia diferenciada basada en género, algo que las empresas de medios tienen la obligación legal de comprender y atajar.
Las expertas, incluyendo a la exrelatora especial de la CIDH Catalina Botero, enfatizaron que los protocolos no sirven si carecen de credibilidad o si son solo documentos archivados. Para ser efectivos, la SIP determinó que deben estructurarse bajo los siguientes pilares: canales seguros, espacios de denuncia confidenciales que eviten las represalias laborales o el despido de la víctima y
comisiones Independientes de investigación de casos mediante comités neutrales.
Se destacó el ejemplo de Caracol Televisión de Colombia, que despidió a dos periodistas reconocidos y creó una comisión aliada para auditar su cultura interna.
Se determinó
erradicar en los medios la tolerancia institucional a «bromas», comentarios sobre el físico de las trabajadoras o conductas inapropiadas.
La SIP pidió capacitar a los directivos de medios en eliminar los sesgos de revictimización como cuestionar la vestimenta o actitud de la afectada.
El panel concluyó con una fuerte autocrítica regional organizada por la presidenta de la Comisión de Equidad de Género de la SIP, Graciela Rock: los medios no pueden exigir transparencia ni derechos humanos en un país si no limpian sus propias redacciones por dentro.

