¿Se cumplirá el pronóstico?
Yuval Harari, uno de los hombres más leído y consultados en el mundo, advirtió que “Honduras, por su modelo económico y educativo, está destinada a desaparecer como país en el año 2050”.
A esa afirmación, Marck Zuckerberg, dueño de Facebook, agregó: “El problema con Honduras es que hasta el más creativo se encuentra con un país sobreregulado y fracasan las ideas de creatividad”.
La advertencia tiene cabida en el cóctel de calamidades hondureñas.
Con la pandemia se hizo más pública la entrada al mundo de la era de la tecnología, la era de inteligencia artificial, una economía centrada y liderada por países y transnacionales que controlan la tecnología.
En ese escenario países como Honduras con sistemas educativos tan arcaicos y corruptos no tienen cabida.
Con la pandemia, alcanzamos tres años perdidos en educación, tenemos niños y niñas terminando su primaria que no saben leer y menos escribir.
Estos escenarios sin futuro o de futuro incierto, nos hacen recordar que celebramos el Centenario con la absoluta entrega del territorio a las empresas mineras y bananeras, y hoy celebramos el Bicentenario con la máxima expresión del desmantelamiento de la soberanía con las Zonas Especiales de Desarrollo Económico.
En la última década se ha destruido toda la institucionalidad, y este deterioro fue capitalizado por la élite empresarial en dos líneas:
1) Saquear las instituciones públicas y,
2) En generar riqueza con los bienes naturales provocando despojos y desplazamiento forzado en los territorios. Todo liderado por un grupito de ambiciosos criminales.
Una concreción de la desesperanza es que el 40% de la población hondureña quiere irse del país, según el Sondeo de Opinión del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación, ERIC-SJ.
Nadie quiere dejar su tierra cuando tiene empleo, salario digno, seguridad, salud, educación, libertad de prensa, de locomoción, etc.
Que 4 de cada 10 hondureños quiera irse, indica el infierno que estamos viviendo.
Distintos observatorios multidisciplinares advierten que Honduras tiene los peores indicadores en democracia, Estado de derecho, de competitividad, índice de desarrollo humano, de desigualdad social, pobreza y violencia, todo apunta que vamos por el camino equivocado y alimenta la idea destructiva del país.
El pasado y el presente nos hace concluir que el futuro del país no está en las élites, de ahí nada bueno podemos esperar, ellos son los principales responsables de la tragedia.
El futuro está en esa sabiduría, fuerza y resistencia histórica que corre en la sangre del pueblo y que lo hace reponerse en los momentos de mayor adversidad.
Ahí tenemos que invertir para reconstruir los tejidos socioeconómicos, políticos y culturales del país, en esa beta de sabiduría y resistencia está la salvación de Honduras. (Editorial de Radio Progreso y el ERIC-SJ).

