Libertad de prensa

Por Julio César González Murillo

3 de mayo, se conmemora el “Día Mundial de la Libertad de Prensa” en un ambiente de luto y dolor, y deprofundos efectos económicos y psicosociales (angustia, depresión, miedo, incertidumbre, y aislamiento físico temporal, preventivo y obligatorio) provocados por la enfermedad de la pandemia del corona virus COVID-19 que ha puesto al descubierto –entre otros indicadores- la vulnerabilidad de los sistemas sanitarios en el planeta, en la región latinoamericana y en nuestro país. Mientras las autoridades sanitarias dictan y vigilan el cumplimiento estricto de las medidas de bioseguridad, la comunidad científica hace ensayos con tratamientos (fármacos) para contrarrestarlo, y procura coordinar acciones para encontrar la vacuna para prevenirlo, controlarlo e, idealmente, inmunizarnos.
Pero este día, que debería ser de pleno júbilo para todos aquellos que abrazan la noble misión de informar y formar opinión, sin importar las limitaciones de recursos financieros, técnicos y logísticos, así como, los riesgos y calamidades, es un día aciago porque esta efeméride se da en un contexto político de intimidación a la prensa honesta que revela y denuncia actos de corrupción, de estadísticas sobre crímenes de periodistas serios e independientes y de flagrantes o sutiles amenazas al ejercicio ético de la libertad de prensa.
La libertad de prensa deriva del derecho a la libertad de expresión porque esta es la primera expresión de libertad. Solo los gobiernos despóticos conculcan este sagrado derecho a la información y a la comunicación, manifestada en diferentes modalidades (medios impresos y electrónicos). Estos gobiernos –que proliferan en el planeta- afectan la democracia, la paz y la justicia social.
Aquí, en nuestro amado país, estamos en deuda con la aplicación irrestricta de lo establecido en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948, que reza:
“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
Los periodistas, en nuestro medio, deberían opinar sin temor a represalias y censuras.
Por eso –como ciudadanos- abogamos por derogar la denominada “ley de secretos”, fortalecer el IAIP y derogar todo artículo contenido en el nuevo código penal que atente contra este sagrado derecho a la libertad de prensa, señalamientos que ha hecho –reiteradamente- el Colegio de Periodistas de Honduras, la Asociación de Medios de Comunicación de Honduras (AMC), el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) y la Conferencia Episcopal de Honduras (CEH), entre otras organizaciones de la sociedad civil.
Para todos los periodistas y medios de comunicación que hacen gala de la ética en el ejercicio de su misión empresarial y/o profesional van mis palabras de aliento y reconocimiento sincero, exhortándolos a que continúen con su trayectoria honesta y valiente, por más hostil y riesgoso que sea el ambiente en que trabajen.
La construcción de un mundo mejor solo puede ser el resultado de una lucha tenaz y cotidiana, sin cuartel y tregua alguna. Para ello, la libertad de prensa es una condición sine qua non.
Finalmente, dos cosas que debemos tener presente:

  1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y;
  2. El respeto a la libertad de prensa catapulta el derecho legítimo a la dignidad humana.

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