Nacionales

Viacrucis del migrante

Editorial de Radio Progreso

El viacrucis del migrante es una actividad que se viene realizando a lo largo de los últimos 10 años en México. Es organizada e impulsada por activistas, defensores y promotores de derechos humanos y la población migrante. Se aprovechan los días de semana santa para realizar esa caravana con el fin de denunciar los atropellos de los que son objetos los migrantes en tránsito que vienen huyendo de la miseria, el abandono y la violencia en sus países de origen.

Pues este año, esta actividad, que ha venido cobrando mucha notoriedad no tanto por lo que denuncian sino por la cantidad de migrantes que se han sumado, algunas organizaciones hablaron de cerca de dos mil participantes, despertó la furia del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y se fue de lleno contra los países de México por permitirles pasar por su territorio y contra Honduras porque 8 cada 10 migrantes participantes son originarios de suelo catracho.

Y la amenaza fue directa y contundente. Amenazó a México con poner fin al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, y antes había referido también a la posibilidad de retener la asistencia estadounidense. Trump amenazó a Honduras con poder cortarle la ayuda económica que envía al país centroamericano si no paraban la caravana.

Esta ofensiva de Donald Trump en contra del viacrucis del migrante forma parte de la intensificación de su desprecio hacia la población migrante lo que está llevando a acelerar las medidas de protección como militarizar la frontera sur estadounidense y de paso presionar a los Demócratas para le brinden el apoyo a su plan anti-inmigrante.

Lo más doloroso es que los gobernantes hondureños se dedicaron a descalificar las acciones y decisiones de Donald Trump sin sentir la más mínima vergüenza y mucho menos asumir responsabilidad por la expulsión de tanto hondureño y hondureña que no encuentra en su país la oportunidad de tener una verdadera vida mejor, vivir en un ambiente sano y sin violencia, y poder ofrecer a sus hijos e hijas un futuro prometedor.

Sin duda la ruta migratoria seguirá atestada de hondureños y hondureñas que rechazan vivir en un país en el que no se puede conseguir vivir honradamente más por la corrupción y la impunidad galopante con la que se arropan los que tienen el poder político y económico.

La disolución del viacrucis del migrante que hoy transita por las carreteras mexicanas no se acaba con la captura que puedan hacer las autoridades migratorias ni su posterior deportación, el viacrucis que no se publicita pero que sí recibe el desprecio del gobernante norteamericano se vive todos los días en las vías del tren, en las casas del migrante a lo largo de la ruta.

Pero los hondureños y las hondureñas que se quedan a vivir en este territorio también están condenados a vivir su propio viacrucis cuya carga se vuelve más pesada en momentos en que le toca sobrevivir bajo la bota de una dictadura.

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