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"Allí no hay futuro": migrante hondureña radicada en Salamanca

Karen es una migrante que reside en Salamanca, España a donde llegó sin conocer a nadie. Solamente tenía claro que no quería vivir en Honduras. “Allí no hay futuro”, dice con energía. La delincuencia, lo infructuoso de estudiar pues los trabajos se los dan a quien tiene conocidos en la política, la corrupción.

Con solo 19 años, Karen vino sola a Salamanca sin conocer a nadie. Solamente no quería vivir en Honduras. “Allí no hay futuro”, dice. La delincuencia, lo infructuoso de estudiar pues los trabajos se los dan a quien tiene conocidos en la política, la corrupción...

Ella veía que había muchas chicas que se iban a EEUU y a España. El camino a EEUU era más fácil pero supone ir de país en país y algunas zonas están en manos de las mafias; hay secuestros y extorsionan a la familia… es un riesgo ir allí. Por eso eligió España.

Su padre no estaba de acuerdo que yo saliera de Honduras y –afirma- no le ayudó con el dinero, aunque como él lee mucho, le informó bien de cómo era Salamanca. Karen es de familia humilde. Desde los 16 años ella trabajaba de lunes a viernes y estudiaba el Bachillerato los fines de semana. Los sueldos en Honduras rondaban entre los 25 y 50 euros semanales. Ella pudo costearse una cuarta parte del viaje y con la ayuda de su hermana pudieron pedir un préstamo, que estaba deseando devolver.

Luchando por salir adelante

Karen llegó a España con la idea de ir a un colegio interno en Salamanca, pero encontró en el camino a gente que le quitó la idea, la apoyaron un tiempo pero llegó el tiempo en que ya se veía en la calle. Ya no podía regresar a Honduras porque había que pagar la deuda. Además, tenía el firme propósito de no querer volver atrás.

Gracias a una señora colombiana que le alojó en su casa pudo continuar con esperanzas. Le buscó un empleo y estuvo 4 años trabajando de empleada de hogar interna cuidando a una señora con Alzheimer. Era muy joven, pero tenía muchas granas de trabajar y “aprendí muchísimo”, comenta con una sonrisa.
Karen se pateó Salamanca en muchas ocasiones buscando trabajo y ella misma se abrió muchas oportunidades con su empeño y su fuerza. En estos 10 años en Salamanca, ha trabajado con gente muy buena, en el servicio doméstico, en hostelería, en limpieza, vendiendo por catálogo, ha estado en pueblos, trabajando en las casetas de las Ferias…

Durante este tiempo también ha conocido a su pareja, con quien tiene una niña preciosa. Pero también, desde hace unos meses, ha iniciado otra aventura, la de ser una mujer emprendedora.

Invirtiendo en Salamanca

Karen hace una apuesta rotunda por esta ciudad, que le encanta. Ella quiere vivir aquí con la familia que ha creado. Pero su determinación va más allá y ha montando su negocio. Ha pedido un préstamo y se ha hecho autónoma; ahora tiene su propio negocio: el Bar “Van Gogh”, en la Avenida de Portugal, 65.

Afirma haber invertido en el negocio miles de euros y aún no ver la ganancia, por la cantidad de trabas administrativas y técnicas que se ha encontrado hasta tener el establecimiento a punto por todos los requisitos a los que ha tenido que hacer frente. Comenta que le han informado que ya no hay dinero para las ayudas a los autónomos; y explica que el 21% de lo que ingresa no lo ve porque son impuestos. “Es una locura”. Sin embargo, garra y esfuerzo no le faltan para apostar por su futuro. “Quiero levantar el negocio para recuperar lo invertido y salir adelante”.

En este tiempo ya ha pedido al ECYL trabajadores para el Bar y pronto abrirá el comedor para 48 comensales y va a necesitar personal.

Afirma con satisfacción que muchos clientes le piden en la terraza que les prepare una sartén de huevos rotos. Sus ojos reflejan el orgullo de haber trabajado duro para llegar hasta aquí, cuando comenta: “Mis anteriores empleadores se pasan por el bar y se lo agradezco”.

La educación de los hijos

Karen se muestra seria cuando afirma que “en mi casa soy muy estricta con la educación”. A los niños hay que marcarles los tiempos para que se haga cada cosa. El móvil a las 9 se apaga y se deja en el salón”. Y si la niña quiere dinero “se lo hago ganar”. Es importante que aprendan que el dinero cuesta esfuerzo conseguir y que hay que valorarlo”.

Muchos retos por delante

En su país no pudo terminar sus estudios y ahora está queriendo terminarlos. Se muestra empeñada en conseguirlo. Además, afirma con rotundidad que “en un futuro quiero poder comprar y tener mi propia casa”.

Karen tiene la idea clara de crecer, de superarse y expresa su deseo de que su hija vea que ha venido a trabajar.

Salir de Honduras supuso para ella una enorme felicidad. En estos 10 años, “he reído, he llorado, lo he pasado mal… pero aquí estoy”. Y con una sonrisa en la cara, Karen se despide: “Me siento muy contenta y soy tan feliz por vivir en Salamanca”.
Fuente: salamanca24horas.com

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