Nacionales

Marchas victoriosas

*Mario Berríos

Aquellos que, con detenimiento, observamos a las antorchas agitar sus flamas amparados en el sueño de una mejor patria, acrecentamos nuestras esperanzas con las marchas victoriosas: huelgas de hambre cívicas, protestas cívicas, caravanas cívicas, tomas cívicas de puentes o infraestructuras vitales para obligar al gobierno a ceder, como en efecto se ha hecho hasta la fecha. Desde mediados de abril hasta hoy, de no ser por la presión ejercida por las marchas cívicas de la clase media, universitarios y profesionistas, jamás se hubiesen logrado siquiera requerimientos fiscales en contra de políticos y “empresaurios” confabulados para robar de los bolsillos del pueblo.

Las antorchas para miles de simpatizantes, congregados y hondureños en general representan la luz de una nueva independencia. Si la primera independencia de Honduras nos liberó del yugo de la corona española, la segunda nos librará del yugo de la corrupción, de la impunidad, de tanto empresaurio y político coludido para despojar al pueblo. Hoy puede comenzar ese despegue siempre que el pueblo se ingenie tanta bola de nieve como pueda, solo así el gobierno tendrá montón de bolas que no sabrá a cuál batear, hasta entonces cederá en las pretensiones de la gran mayoría del pueblo.

Una de las exigencias torales es la instalación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Honduras (CICIH), similar a la creada en Guatemala en 2006, mediante la firma de un convenio con la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La CICIH podrá señalar a todos los corruptos, de todos los partidos, lo cual es una seria amenaza para el sistema actual de gobierno, pero más amenaza representa para los dirigentes de las marchas cívicas. Desde el primer plantón cívico en San Pedro Sula, convocado por alguien un domingo 26 de abril a las 4 de la tarde, en el Monumento a la Madre, para disentir públicamente por las violaciones a la Constitución, contra la corrupción y la impunidad, luego evolucionar en las redes sociales, hasta hoy, los hondureños nos hemos sumado en forma rápida, no al llamado de ningún partido político, si no por convicción. El movimiento de Las Antorchas o Indignado ha sumado logros porque no está cautivo por activistas políticos tradicionales, pues allí no se reparte dinero, no se vende el honor ni la patria, miles llevan su pancarta con un eslogan: “Yo vine porque quise. A mí nadie me pagó”. De esa manera puede seguir triunfando el movimiento, pero si se permite liderazgo a políticos ya reconocidos por sus mañas, el fuego de Las Antorchas puede apagarse.

Otra razón porque el movimiento de Las Antorchas o Indignado pueda perder fuerza es porque no tengan un mando definido, único, fuerte y con un plan estratégico y táctico. Se observa mucha pasión, ardor cívico, pero se palpa la ausencia de preparación para ejercer el mando y control total. Hasta la fecha los jóvenes que han aparecido públicamente en representación del movimiento muestran enorme entusiasmo, sin embargo en el fondo se observa ausencia de estrategia, madurez y concepción, más ímpetu que unidad granítica. Los dirigentes de las antorchas deben de saber que muchas acciones del gobierno van a buscar debilitar el movimiento. Estas acciones pueden ir desde buscarlos, intimidarlos, desmejorar sus imágenes y hasta acciones criminales. ¿Estarán claros los dirigentes de que van a ser blanco de todo tipo de acciones por parte del partido en el poder?

El traspaso de fondos del IHSS a través de diversas empresas a la campaña del partido de gobierno fue el combustible que avivó el fuego del movimiento y sus plantones de 300, que luego se convirtieron en marchas de 3000, después 30000, 300000 y así sucesivamente. La frase del Presidente Juan Orlando Hernández al inicio del descubrimiento de los cheques a nombre del Partido Nacional pareció ser: "Tírenme a los lobos y retornaré liderando la manada". El plan pensado por el mandatario para ganarse a la manada de lobos (el pueblo) que desea devorarlo políticamente es darle trozos de carne (políticos y empresaurios) para alimentar a los lobos de trozo en trozo, de manera que los lobos (el pueblo, antorcheros, Indignados) devoren a otros trozos de carne antes que a él. Parte de esa estrategia es que al terminar de darle de comer a la manada de lobos (pueblo enardecido, antorcheros e Indignados), esa manada terminará siendo liderada por él por haberles dado de comer, de ahí que ve al pueblo como una manada de animales, no pensantes a quienes puede domar y tranquilizar.
*abogado y escritor

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