CORONA GATE EN CORRUPTONIA?
Por Adolfo Peña Cabus
Se van aclarando las aguas, y se cierra el cerco sobre la millonaria compra de tiendas de campaña en Turquía a precio de hospital. Más las cafeteras de lata que cuestan como computadoras, más los simples enfriadores de agua con valor de refrigeradores, más los televisores al doble de la factura normal, entre otros «errores administrativos».
Excluida ya del equipo y aplazada la profesora que dirige el Ministerio de Salud, la Ministra de Finanzas, experta en sicología inversa, dijo ayer que ellos no negocian ni compran, solo entregan fondos, y quien tiene que rendir cuentas son las entidades ejecutoras, COPECO e INVEST-H. Recuerden esos nombres, y sus compras con descuento al revés.
Hoy en Frente a Frente apareció Omar «yo no vi nada» Rivera, reconociendo entre balbuceos incoherentes que a él no lo toman en cuenta para negociar y comprar, solo le permiten ver -de lejos, desde su escritorio en la capital- la distribución nacional de los bienes adquiridos. No tiene integridad para reconocer abiertamente que su función es tan útil como un calendario del año pasado. E irse. Ahí está, sin ver nada ni decir nada, pero eso sí, con más de cien mil mensuales por servir de tapadera.
Edgardo Melgar puso al teléfono a un empresario capitalino, José Nolasco, quien valientemente dijo que las mascarillas contabilizadas a 190 lempiras él pudo haberlas provisto a la tercera parte, pero que en el gobierno exigen mordida para comprar. Así de claro.
Sería ingenuo esperar que haga algo pronto el Tribunal Inferior de Cuentos, papel higiénico de los corruptos.
Nadie espera nada del Fiscal de la Impunidad General, el de brillante cabeza está catatónico desde que tomó posesión del cargo, impuesto ilegalmente por órdenes de la embajada americana y hasta con el candoroso apoyo de la bancada de Luis Zelaya (a usted nadie lo señala como político corrupto, Ingeniero Zelaya, pero le debe ese clavo a Honduras).
En cuanto al CNA, andan afanados poniendo en la mediana lonas donde revelan el gran secreto de que aquí hay corrupción. Pero exceptuando su logro al ayudar para que se enjaulara una rosa mañosa, no dan nombres de grandes ligas, ni denuncian abiertamente quién les engaveta sus denuncias. No valen lo que cuestan. Son como timoratos bomberos con pánico ante el fuego. Aún están a tiempo de recuperar prestigio, pero «ajunten…».
¿UFERCO, la versión light de UFECIC? Esperemos que despierte la bella durmiente del bosque, y no la amordace el jefe del MP.
Luego habló el director de INVEST-H, Marco Bográn, a cargo de compras junto a COPECO, quien además de hablar sobre agricultura, seguridad alimentaria, cuarentena y otros temas que no le competen, reconoció, y cito textual, que «la velocidad en las compras excede a la capacidad de los veedores».
Sí, son veloces, nadie lo duda.
Para terminar el programa, Gabriel Rubí de COPECO finalmente reapareció en los medios, diciendo que «los precios se han degenerado» hacia arriba. Raro, pues las tiendas no han cambiado precios al detalle en sus páginas de internet, lo que indicaría que el sobreprecio es para ventas mayoristas al gobierno. Entonces tiene razón José Nolasco…
No descartemos que pudiera estar errada la percepción generalizada sobre falta de transparencia y honestidad en esas compras, pero como hemos visto tanta corrupción impune y escuchado tantas mentiras (por ejemplo «juro cumplir con la Constitución»), a los hondureños nos cuesta creer que la burocracia sea capaz de manejar algo con las manos limpias, hay demasiados Range Rover y Prados en Tegucigalpa.
Ya casi nadie confía en el gobierno, y se han ganado a pulso esa falta de credibilidad.
Pero aquí no pasa nada, habrá que esperar, aunque aún no se ha aclarado ni castigado la gran movida del préstamo británico para construir el ferrocarril interoceánico a mediados del Siglo XIX. Suma y sigue. ¿Hasta cuándo?

