Esos demonios llamados "dictadores"

POR CÉSAR INDIANO

Por alguna razón incomprensible todos los dictadores del pasado o del presente, o son enanos o son gigantes, cuando son gigantes se comportan como unas bestias, cuando son enanos se conducen como unos verdaderos demonios.
Nicolás Maduro (1,90) Idi Amin Dada (1,89) Fidel Castro (1,88) son tres ejemplos de gigantes. Josef Stalin (1,67), Benito Mussolini (1,68), Franco (1,64) y Juan Orlando Hernández (1,65) son cuatro ejemplos de enanos infernales.

Todos sin excepción tuvieron una infancia miserable y una adolescencia llena de traumas. Fueron golpeados por sus padres, fueron humillados por sus parientes, aguantaron hambre y enfrentaron serios complejos en la adolescencia, cuando fueron jóvenes no fueron atractivos y no llamaron la atención de ninguna mujer.

Todos creen que los culpables de su poco éxito son los demás y todos desarrollaron una eficaz verborrea para convencer a millones de retraídos de que “los culpables de su desgracia son los demás”. Repitiendo esta retórica malsana acaban rodeados de millones de ignorantes y desgraciados que los respaldan, los sostienen y los aplauden.

Todos se codearon con gente ordinaria desde que eran muy jóvenes y dejaron en el olvido a aquellos buenos amigos que no los acompañaron en sus aventuras autocráticas, crueles y genocidas. En otras palabras, todos reemplazaron a sus buenos amigos por cómplices leales y a sus honrados camaradas por guaruras sin escrúpulos.

Todos se convirtieron lentamente en farsantes y muy lentamente en asesinos. Todos comenzaron elogiando a los artistas y codeándose con intelectuales, pero más tarde – cuando entendieron que los artistas y los intelectuales les estorbaban para sus fines – los mataron, los encarcelaron o los desterraron.
Todos se hacen rodear de fotógrafos expertos, publicistas mercenarios y asesores de imagen. Cobrando sueldos obscenos, estos funcionarios son los encargados de la propaganda oficial la cual consiste en bombardear la mente de los súbditos con mensajes latosos en los cuales el dictador es comparado con Dios.

Todos los dictadores oprimen a los ricos de tres maneras, los protegen a cambio de dinero y sumisión, esto quiere decir que los industriales y los adinerados deben compartir sus ganancias con los funcionarios y con las cúpulas del ejército. Les confiscan las compañías y las propiedades. Y, por último, los obligan a vender, a comprar y a ganar con los márgenes establecidos por el gobierno.

Todos los dictadores someten a los pobres de cuatro maneras. Los embrutecen a través de los medios de comunicación (purgan a los críticos, premian a los aduladores). Los domestican a través de las escuelas y los colegios, los distraen mediante toreadas, carnavales, juegos deportivos y fiestas religiosas en las cuales se fomenta la fe folclórica. Y, por último, los consuelan con bonos, raciones de comida, favores domésticos y cupones estatales.

Todos los dictadores o son ineptos o son inútiles. El 90% de ellos nunca trabajaron en algo real, es decir, nunca tuvieron un empleo formal y jamás mantuvieron una familia con el sudor de su frente. El 100% de los dictadores fueron 4 cosas: artistas frustrados, académicos mediocres, militares cobardes y emprendedores fracasados. Así que cuando tomaron el poder a través de mentiras y manipulaciones, se hicieron millonarios multiplicando por cuatro los salarios que jamás merecieron por hacer aquello que jamás ejercieron de forma eficiente.

Todos los dictadores son estúpidos exageradamente elogiados por sus serviles, malvados excesivamente admirados por sus beneficiarios, inicuos desafortunadamente amparados por los religiosos. Son serpientes que envenenan a todo un país con sus mentiras, sus picaduras y sus amenazas.

Han existido y van a seguir existiendo mientras haya bribones que los elogian, pícaros que los adulan, holgazanes que los aprovechan, cámaras que los enfocan, prensa que los apaña y tontos que los admiran.

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