Las caravanas de la miseria
Por César Indiano
La caravana de inmigrantes que hoy peregrina desde todos los rincones de Honduras con rumbo a los Estados Unidos de América no comenzó ayer ni va a terminar mañana. Es un fenómeno imparable, dramático e incontenible que se disparó hace 15 años, que se agudizó a partir del 2010 y que hoy – tras el montaje de un régimen ignominioso – se desborda como una marea humana que se ha salido de control.
¿Por qué la buena gente se ha estado saliendo de Honduras y cuales son las causas reales de estas romerías incontenibles? Creo que hay tres causas indiscutibles que vamos a enumerar por su orden: pobreza de perros, el pánico a la muerte y repudio a los gobernantes. La gente que sale de Honduras no es precisamente la más escolarizada sino la más temeraria; albañiles, carpinteros, plomeros, electricistas, agricultores, pladuristas y pintores de brocha gorda que se cansaron de los pésimos salarios de un país estéril donde los mantenidos y los activistas políticos duplican y hasta triplican el sueldo de un obrero calificado.
Las mujeres que trabajan en servidumbre doméstica o en labores de dependienta ganan menos del salario mínimo. Las jornaleras de la industria maquiladora apenas recogen para el alpiste y todo esto forma parte de una viciosa e incorregible cadena de pobreza en la cual los empresarios ganan centavos a punta de mercadear productos y servicios para una población que no tiene dinero. En un país como Honduras no gana ni el que vende ni el que compra, el comercio no tiene márgenes ni para el contratista ni para el contratado. Todos – ricos y pobres – viven en un canibalismo financiero que no tiene escapatoria. Todos danzan el calvario infinito de las deudas impagables.
¿Quiénes son, entonces, los únicos que no se ponen la mochila al hombro para salir de ese agobiante país secuestrado por mafias políticas y mediáticas? Pues ya lo sabemos: los cómodos, los burócratas, los funcionarios y los ladrones. Aquí también incluyo a los que no pueden salir de ahí por tener procesos pendientes con la ley, sujetos que tienen embargos, señalamientos penales y cuentas pendientes con la DEA o la INTERPOL.
Todos los demás – a pesar de la incertidumbre – salimos y nos rifamos el pellejo en países donde nadie nos conoce, donde se hablan otras lenguas y donde casi de forma instantánea adquirimos el estatus de ILEGAL. Nadie sale voluntariamente de su país natal, pero cuando la miseria se combina con el miedo y cuando a esta barbarie se le agrega la burla continua de los gobernantes satánicos – entonces – quedarse ya no es una opción.
Con todo lo dicho, irse y escapar de la miseria establecida en un país gobernado por criminales, conlleva una inversión que el 90% de la gente vulnerable no tiene a la mano. Se requieren aproximadamente 6,000 dólares para penetrar una frontera porosa hacia los Estados Unidos y se necesitan alrededor de 5,000 euros para saltar el Atlántico y meterse en España. En el intento – que es legítimo y comprensible – han muerto miles de ciudadanos, otros han acabado lisiados y cientos han terminado en las cárceles. Y, sin embargo, para una persona que ha emprendido “la aventura forzosa” cualquier tortura es preferible antes que regresar a un lugar sombrío donde únicamente los bribones, los asesinos y los ladrones viven de maravilla.
El señor Trump es una persona sensible y genial – sólo los tontos opinan lo contrario – pero el presidente de Norteamérica maneja información mala y errónea sobre el tema hondureño. Su reacción ante “las caravanas de la miseria” que provienen de mi país, es airada y rabiosa… Y esto es lógico porque el gobierno americano piensa que la gente que se integra a un éxodo masivo está motivada por hastíos ideológicos. Pero no es así, sólo los hacedores de maldad pueden decir semejante barbaridad.
La gente sale de Honduras porque no tiene ninguna posibilidad de lograr sus propósitos de vida dentro de una nación sometida por mafias políticas perversas. Por otra parte, mi país no es el que más inmigrantes ha lanzado a las arenas movedizas de la migración, pero sí es la nación que más recursos ha recibido por parte del gobierno americano para sanear la escandalosa pobreza de la gente.
Las tres preguntas correctas que la Casa Blanca debería hacerse con respecto al “Caso Honduras” son las siguientes ¿A qué bolsillos van a dar los montos que los Estados Unidos transfiere hacia Honduras en materia de ayudas, donaciones y “auxilios para el desarrollo”? ¿Por qué razón entre más dinero inyectan – donado o prestado – más criminales aparecen? Y por último ¿Por qué el gobierno hondureño – a pesar del respaldo financiero y político recibido por parte de los norteamericanos – no estabiliza la economía y no satisface los reclamos sociales de una nación brutalmente empobrecida?
Y una tercera y no menos importante pregunta sería esta ¿Qué pasaría con esas multitudes si los inmigrantes no enviásemos mesadas a nuestros parientes? Para vergüenza de los gobernantes (y de sus cómplices) el ingreso número uno ese país esclavizado, lo conseguimos con lágrimas y sudor el millón de inmigrantes que rompemos piedras en una cantera fría y remota.
El otro dinero que recauda Honduras proviene de tres fuentes: los impuestos locales, los préstamos externos y las donaciones periódicas. En los recientes 8 años el partido de gobierno no sólo incrementó los impuestos, sino que inventó tasas diferidas para despojar y fatigar a los empresarios, una de las más famosas e inútiles es “la tasa de seguridad” que en realidad es “una tasa de extorsión” para mantener en pie un régimen brutal que está armado hasta los dientes.
También redactaron una serie de leyes detestables para “escuchar”, “aterrorizar” “rastrear” y “encriptar” las acciones de los ciudadanos en un clima de sospecha y control policial. Es verdad que en Honduras hay proliferación de maras y pandillas y muchas de ellas son sádicas y letales. De eso no hay duda. Pero, ni los más atroces abusos de un marero se comparan con los delitos continuados, leoninos y burlescos de las mafias políticas actuales.
En estos precisos momentos Honduras es un país gobernado por una manada de saqueadores estatales que han perfeccionado sus crímenes haciéndolos pasar por “servicios públicos de obligado cumplimiento” y esto incluye a los aparatos policiales y militares. El 100% de las operaciones gubernamentales – legislativas, ejecutivas y judiciales – son corruptas y se fundamentan en coimas, tajadas, arreglos, conexiones, pellizcos, mordidas y estafas de oficio, estas se coordinan entre familias voraces que actúan con un extenso repertorio de prestanombres. Toda “la prensa influyente” forma parte de esta red inicua de burla y engaño a la población.
Con la patarata de “desarrollar el país”, darle seguridad y garantizar las pensiones sociales, los altos funcionarios – tanto civiles como militares – se roban con descaro verdulero el dinero que duramente se recauda y los recursos que buenamente se gestionan. El frío dato de la deuda externa habla por sí sólo del saqueo bestial que los criminales de corbata efectúan impunemente dentro de Honduras: 15,000 millones de dólares, un verdadero festín para ladrones.
Si a la pobre gente la pusieran a elegir entre los mareros del barrio y los criminales del gobierno, sin pensarlo dos veces se quedarían con los primeros.
Finalmente – y creo que este es el quid del asunto – el malhechor más peligroso de ese país que ahora se desmorona en pobreza y anarquía, es el individuo que gobierna. Si los Estados Unidos quieren de verdad poner un control definitivo y hallar un remedio drástico para las caravanas de la miseria que hoy viajan descalzas hacia las fronteras, deben ir al grano y atrapar al causante principal de toda esta catástrofe.
El tipo arriba mencionado se robó las recientes elecciones de forma desvergonzada, se engrandeció de la noche a la mañana, convirtió en millonarios a todos sus familiares y a toda su cúpula de seguidores, es propietario de megaempresas ilegales, mató a más de 30 personas en las protestas antifraude, le sacó réditos políticos a la muerte de su propia hermana y encima ya tiene un plan macabro para quedarse de por vida en el poder ¿no son estas suficientes razones para capturar a un opresor? ¿no son estos motivos suficientes para que la pobre gente indefensa abandone un país arruinado, empobrecido y burlado?
Los Estados Unidos no han entendido – y esto es una desgracia – que los inmigrantes andamos huyendo no únicamente de la pobreza y de la matanza incontenible de un país desgarrado, sino también, de la abominable mentira cotidiana que suena todos los días por los altavoces de un gobierno ladrón, usurpador y matón que ha comprado y corrompido al 100% de la prensa hablada y escrita. Que, si todos mis compatriotas tuvieran 10,000 dólares a la mano para escapar del infierno, veríamos un éxodo de dimensiones bíblicas. En cosa de meses, mi pobre nación desdichada sólo quedaría habitada por rufianes, diputados, sargentos, sicarios y pastores culecos.

