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El poder, emborracha luego enloquece

Por Olban F. Valladares O.

Desde tiempos muy remotos, reyes, faraones, presidentes y grandes generales, fueron advertidos sobre los peligros que se ciernen alrededor del poder. La Biblia misma nos relata como al gran Moisés, Salomón y luego David, y así sucesivamente, los sabios aconsejaron adherirse con vehemencia a los principios de humildad y a solicitarle al Todo Poderoso que les concediera la inteligencia para gobernar. El gran Julio Cesar en Roma, cegado por sus extraordinarios triunfos militares, desoyó las advertencias y sucumbió en el seno de su mismo Senado, frente a los puñales traidores de quienes habían sido sus leales seguidores.
En el transcurso de los tiempos, el mundo, particularmente en nuestra América, se han sufrido las grandes borracheras y luego las enajenaciones de gobernantes que no estaban listos ni capacitados para dirigir a sus pueblos y que en su afán de aferrarse al poder, han cometido atropellos, vejámenes y cualquier cantidad de actos que en lugar de fortalecer sus posiciones de gobierno y mantenerlos en el poder, han minado aceleradamente las bases de sus administraciones y de sus propias instituciones políticas para caer en el basurero de la historia como déspotas que inmolaron a sus pueblos en aras de satisfacer sus caprichos, fantasías y destructoras loqueras.
Para los tantos ciudadanos correctos, respetuosos de las leyes, amantes de la democracia, que hemos tenido el honor de ocupar los curules del Congreso Nacional, es motivo de gran pesar, de vergüenza y de profunda preocupación, el deterioro paranoico que sufre ese poder del estado en los últimos meses, al punto de enterrar las esperanzas que florecieron en el sentir y pensar de los hondureños a partir del año 80 en que después de oscuros periodos de imposición militar y de intransigencias político partidarias, supuestamente iniciamos el camino hacia una nueva era de luz, de construcción de la nueva Honduras que anhelamos y de la formación de un estado democrático justo para todos los hondureños. Un Estado respetuoso y respetado por propios y extraños. Este camino enfrentó los embates del conflicto centroamericano, sufridos en las oscuras décadas de los 70s y 80s; sin embargo, mediante el uso efectivo del diálogo inteligente entre las dirigencias de los partidos políticos, pudimos sortear muchísimos problemas graves.
Este dialogo, lamentablemente, parece haber sucumbido en la actualidad por la poca altura y calidad de los dirigentes políticos actuales.
La paranoia en el congreso es absurda, el único terrorismo que priva en sus pasillos es el que provoca la insensatez e incapacidad dirigencial de sus autoridades.
Nunca vimos guaruras armados en plena asamblea defendiendo la mesa directiva. Nunca tanta intolerancia frente a la oposición. Nunca tanta violación de la Constitución, el Reglamento Interno y los procedimientos parlamentarios universales. Nunca tanto derroche y compra vergonzosa de estómagos y conciencias. Nunca un desastre atentatorio contra la democracia y el futuro de nuestras próximas generaciones.

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