Víctor Matamoros: Vendió “topogigios” para poder estudiar y ahora dirige una firma legal en los EEUU

Este compatriota nacido en los campos bananeros logró convertirse en juez, pero tuvo que salir huyendo de Honduras por tener los pantalones bien amarrados a la hora de aplicar la ley.

Por Lenin Berríos

EL PROGRESO, Yoro. A los 23 años, Víctor Matamoros ya era Juez en esta ciudad. Parecía que por lo que tanto había luchado en la vida, por fin empezaba a dar frutos, pero su rectitud en el palacio de justicia progreseño le trajo problemas.
Finalmente, se vio obligado a dejarlo todo atrás y huir hacia los Estados Unidos, donde logró obtener asilo político al comprobar que era objeto de persecución por la sencilla razón de tratar de impartir justicia, en un país corroído por la corrupción.
Allá empezó a trabajar de jardinero por muchos años, pero sin perder nunca la esperanza de poder algún día ejercer su profesión como abogado, lo cual después de mucho sacrificio logró.
Actualmente cuenta con una firma legal llamada Matamoros Professional Tax Service, desde la cual brinda el respaldo legal que, inmigrantes como lo fue él, buscan desesperadamente.

Su historia
Víctor Matamoros nació en la ciudad de El Progreso, Yoro, el 19 de abril de 1,971. No obstante, creció en los campos bananeros, a orillas del Río Ulúa, entre los campos de La Fragua y Mucula.
Sus padres fueron los señores Víctor Matamoros (Q.D.D.G.) y Castorina Vásquez. Su papá siempre se dedicó al cultivo de plátano y maíz, mientras que su madre se ocupaba del hogar y la familia, así como de preparar los alimentos de los mozos que trabajaban en la platanera.
En este hogar nacieron cinco hermanos: Mayra, Sandra, Víctor, Max y Johnny.
Cuando tenía 12 años, su familia decidió trasladarse a la ciudad de El Progreso con el fin de que él y sus hermanos pudiesen continuar con sus estudios, siendo matriculado en el instituto oficial Perla del Ulúa, que recién había sido fundado y que aún no contaba con instalaciones propias.
“Recibíamos clases literalmente en un potrero, en un módulo que nos facilitó la escuela Jaime O´leary, rodeados de vacas, que con frecuencia se metían a las aulas e interrumpían las clases”, recuerda.
Debido a que la situación económica no marchaba bien en la ciudad, sus padres decidieron que lo mejor era regresar al campo. Sin embargo, ello significaba que tendría que abandonar el colegio, ya que no estaban en la capacidad de pagar el pasaje diario hacia El Progreso y viceversa.
Le pidió a su madre que le permitiera quedarse y le dijo que trabajaría para poder cubrir los gastos de sus estudios, lo cual hizo vendiendo topogigios durante el día en todos los billares de El Progreso y estudiando por la noche. La señora para la cual vendía, le pagaba diez lempiras a la semana y le daba el almuerzo, la comida más importante en su día a día.
“En ese tiempo no era permitido que un cipote de 13 años estuviera en la jornada nocturna, ya que era exclusivo para personas adultas, que ya tenían un hogar y un trabajo. Me llené de valor y fui a la dirección del colegio a hablar con el director de ese entonces, Francis Cartagena, a quien le expliqué mi situación y al ver el sacrificio que estaba dispuesto a hacer por estudiar, decidió aceptarme”, señala.
Cuenta que desde que estaba en el colegio fue catalogado como un estudiante “revoltoso” ya que nunca se quedaba callado para defender sus derechos o el de cualquier compañero que estuviese siendo tratado de manera injusta.
Debido a ello, cuenta que uno de sus maestros, Gilberto Umanzor, le dijo que si lograba matricularse en la Universidad, que estudiara Derecho, ya que tenía todas las cualidades para ser bueno en esa profesión. Y así lo hizo.
Al terminar su carrera de Bachillerato en Ciencias y Letras, se matriculó en la facultad de leyes del Centro Universitario Regional del Norte, ahora UNAH-Valle de Sula. Refiere que ingresó a este centro de estudios en 1,990 y obtuvo su título de abogado en 1,994, en el mismo tiempo que lo hicieron sus compañeros que estudiaban a tiempo completo. “Para ir a la universidad tuve que seguir trabajando y me iba a pedir “jalón” todos los días a la línea (del tren), porque no ajustaba el dinero”, agrega.

Empieza a ejercer
Matamoros manifiesta que un año antes de terminar la carrera, su papá consiguió que el abogado Juan Ángel Rivera Tábora le permitiera trabajar en su bufete, lo cual fue clave para que ganara experiencia dentro del derecho.
Para su suerte, apunta que cuando el doctor Carlos Roberto Reina ganó la presidencia, nombró como magistrada de la Corte Suprema de Justicia a la esposa de Rivera Tábora, la abogada Blanca Valladares, quien le consiguió el puesto de Juez de Paz de los Criminal.
Relata que ostentó ese cargo por dos años, sin acomodarse nunca al sistema, manteniendo sus decisiones independientes. “Debido a ello, un grupo de colegas me veía como una piedra en el zapato, ya que estaban acostumbrados a manipular las leyes y la justicia a favor de políticos o personas pudientes, y los juicios que yo resolvía eran conforme a derecho. Era un joven de 23 años, pero con los pantalones bien amarrados”, sostiene.

Emigra a los Estados Unidos
A raíz de la difícil situación que le hicieron vivir en los juzgados, que ya implicaba riesgos a su propia vida, señala que decidió mejor irse para los Estados Unidos, como cualquier inmigrante.
Gracias a que pudo comprobar que en Honduras era objeto de persecución por sus posturas como juez, afirma que fue beneficiado con el asilo político. “Ya tengo 20 años de estar entre los Estados Unidos y Honduras y, gracias a Dios, he logrado progresar y ahora cuento con una firma legal a través de la cual puedo ayudar a los que más lo necesitan”, sostiene.
No obstante, indica que antes de que pudiese validar su título y obtener un estatus legal, tuvo que trabajar por varios años en labores de jardinería y en una fábrica de jabones y detergentes.
Actualmente, Víctor Matamoros cuenta con una firma notaria llamada Matamoros Professional Tax Service, dedicada a resolver problemas de impuestos y de migración a personas de muchas nacionalidades, especialmente de Honduras. “Nuestra firma cuenta con oficinas en seis ciudades del estado de Nueva Jersey: New Brunswick, Elizabeth, Trenton, Edison y Plainfield”, señala.
Está felizmente casado con la señora Olga de Matamoros, con quien ha procreado dos hijos, Dayana y Sander, quienes suelen acompañarle a Honduras cada vez que les es posible, especialmente cuando juega su amada Selección de Fútbol.

Decide incursionar en política
Cabe destacar que Matamoros nunca dejó a Honduras del todo y, una vez que contó con recursos, decidió invertir en la ciudad de El Progreso, Yoro, construyendo un edificio comercial llamado Plaza Matamoros.
Asimismo, indica que viendo la dura situación que atravesaba el país debido a la corrupción y a la voracidad de los políticos y empresarios, tomó la decisión de ser parte de la política para buscar un cambio. “Desde el golpe de estado en el 2009, me uní a la lucha contra esta ruptura democrática y me hice parte de Frente Nacional de Resistencia Popular, que luego daría paso al surgimiento de Libre como partido político”, apunta.
Matamoros señala que en este momento el partido ha sido invadido por personas infiltradas que tienen como objetivo dañar la institución desde adentro, por lo que decidió buscar una diputación desde el Movimiento Somos Más, en coalición con la Fuerza de Refundación Popular, que postula a Xiomara Castro como presidenta.

Presente en la emergencia
Cabe destacar que luego de que los huracanes Eta e Iota azotaron el territorio nacional, Matamoros empezó a enviar ayuda a los lugares más afectados, principalmente a la ciudad de El Progreso, Yoro, y los ex campos bananeros, donde tiene su corazón.
“Desde hace 20 años empecé a ayudar a la niñez y a la juventud de mi país, costeando becas de colegio y universidad y enviando útiles escolares y calzado a pequeños que estudian con las mismas dificultades que yo lo hice. Me veo reflejado en ellos, y luego de estas catástrofes he intensificado esa ayuda, con alimentos, medicinas, camas y todo lo que fuese de primera necesidad”, afirma.
En ese sentido, apunta que convirtió la Plaza Matamoros en un lugar exclusivo para las personas afectadas, destinando el tercer piso a que funcionara como albergue para más de cien personas, que recibían a diario toda su alimentación, y la primera planta como centro de acopio. “Les hemos dado seguimiento a todos ellos, ya que pudieron regresar a sus casas, pero lo perdieron todo, se han quedado sin cultivos y sin trabajo, y debemos seguirles apoyando con lo que necesiten”.

Su propuesta
De lograr convertirse en diputado, Víctor Matamoros manifiesta que tiene varios proyectos orientados a generar desarrollo y permitir un mejor nivel de vida a los más pobres. El principal de ellos, proyectos de irrigación en los diferentes municipios con el propósito de que los campesinos no dependan de las lluvias de invierno para poder cultivar, sino que cuenten con agua todo el tiempo, para garantizar sus cosechas.

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2 comentarios en «Víctor Matamoros: Vendió “topogigios” para poder estudiar y ahora dirige una firma legal en los EEUU»

  • el 08/04/2021 a las 9:03 pm
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    lo conosco bien un gran amigo mio
    tedos los años llene la solicitud
    del permiso de trabajo
    en estados unidos en nj
    osea el tps
    una gran persona

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