El gobierno que necesitamos para después de los encierros

Editorial Radio Progreso

Un gobierno que ante todo no mienta, que nunca use el Estado como escudo para proteger sus delitos y sinvergüenzadas, ni use sus recursos y bienes públicos como negocio ni para chantajear a sus allegados ni comprar conciencias de gente empobrecida.

Necesitamos un gobierno que no use la enfermedad ni el hambre de decenas de miles de personas como argumentos para sacar ventajas y ganancias. Necesitamos un gobierno que invierta en políticas públicas y no en programas asistenciales que postergan soluciones a los auténticos problemas del país. Necesitamos un gobierno que represente a toda la sociedad y que logra atraer a su servicio a la gente más competente, profesional y éticamente responsable.

Para después de los encierros, necesitamos un gobierno que base sus políticas públicas en una relación armoniosa entre el bienestar y derechos de las personas y los derechos de la naturaleza. Un gobierno que proteja y cuide el agua, los ríos, los bosques, la minería, los derechos humanos, sociales y culturales de las comunidades. Un gobierno que jamás se le ocurra la privatización de los bienes y servicios públicos, tanto de los bienes naturales como la salud, la educación, la energía y las vías de comunicación.

Para después de los encierros necesitamos un gobierno que ha de poner todo el acento en un Estado al servicio de políticas públicas agrarias, que incentive el amor de la gente por el campo y sus cultivos, que tanto le ha de interesar la inversión agroindustrial como la soberanía alimentaria de toda la población campesina.

Para después de los encierros necesitamos un gobierno que nunca recurra a la fuerza para aplacar reclamos y protestas, y que alcance la valentía soberana para eliminar para siempre las Fuerzas Armadas, por innecesarias, inútiles y costosas para el presupuesto nacional. Necesitamos un gobierno que incentive la producción y empleo basados en el liderazgo de la mediana, pequeña empresa, así como en las comunidades agrarias primordiales propietarias y productoras de la madre tierra.

Necesitamos un gobierno que deje la soberanía de Dios en su lugar, que nunca usa su nombre para legitimar sus prácticas, y garantiza la independencia entre Estado y religión, manteniendo la imparcialidad, y sin dejarse manipular por ninguna institución religiosa.

Para después de los encierros necesitamos un gobierno que nunca se arrodilla ante nadie, y que sabe defender la dignidad y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Necesitamos un gobierno que, bajo ninguna circunstancia, ni hoy ni nunca, sea señalado como narcotraficante ni saqueador de bienes públicos. Un gobierno que recupere para siempre la dignidad de gobernar, una dignidad que nunca tuvo el grupo charlatán que por maldición nos tocó escuchar, padecer y sufrir en estos tiempos de encierro.

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