TOCANDO FONDO


Por Luis Cosenza Jiménez

Recientemente he observado ciertos hechos que me parece nos indican que mientras en El Salvador la gente piensa que tocaron fondo y ahora van hacia arriba, en nuestro país sentimos que vamos en caída libre, sin saber cuánto más caeremos antes de tocar fondo y comenzar nuestra recuperación. Permítanme explicar por qué.

Consideremos ahora nuestra situación. Hemos caído en la vorágine del caos, del odio, del resentimiento, del vandalismo y de la delincuencia. Cuesta mucho ver cómo llegaremos a las próximas elecciones y que sucederá después de eso.

Frente a un gobierno ahora percibido no solo como ilegítimo, sino que también como débil, los grupos seguirán presionando para satisfacer sus deseos y ambiciones, y si no logran rápidamente sus “conquistas”, pues llevarán su lucha a las calles. Ya han presenciado como otros grupos usaron exitosamente ese método para salirse con la suya.

Estamos presenciando una precipitada carrera por repartirse los recursos del presupuesto nacional, o por sacar ventaja económica utilizando al gobierno para imponer su voluntad. En el entretanto, seguimos inmersos en acusaciones de corrupción que parecen requerir larguísimos plazos para que sean finalmente resueltas en los Tribunales. Hemos perdido la confianza y ahora dudamos y sospechamos de todos.

Tan pronto se menciona a una persona como candidata para mediar entre las partes en conflicto, surgen los rumores que buscan desprestigiarla. Al parecer, carecemos de la goma que debe unir a una sociedad. No creemos en nadie y seguimos esperando, casi con alegría, noticias sobre otras personas requeridas por la justicia de Estados Unidos por el tráfico de drogas.

El pacto social necesario para constituir un estado requiere que los ciudadanos otorguemos al estado el monopolio en el uso de la fuerza. Hacemos esto a cambio de que el estado proteja nuestros derechos ciudadanos y nuestra propiedad. Cuando el estado incumple su compromiso con nosotros, porque, por ejemplo, la policía no puede, o no quiere, usar la fuerza para protegernos, entonces se deslegitima el monopolio otorgado al estado y cada quien busca como protegerse. Caemos así en la ley de la selva precisamente por la incapacidad del estado para cumplir con nuestro pacto social.

La crisis que vivimos es profunda y no se avizora una solución. Si continuamos por el camino que hemos tomado, entonces tendremos dos años y medio más de confrontación y división antes de llegar a las próximas elecciones. No se generará nuevas plazas de trabajo, se acentuará la pobreza y las finanzas públicas se deteriorarán. La última evaluación de Moodys se verá como una cruel comedia. Si, para colmo de males, en el camino de las próximas elecciones desprestigiamos y destruimos a los candidatos, entonces tampoco las elecciones nos servirán para superar nuestra crisis.

Esta es nuestra verdadera tragedia. En tanto no cambiemos internamente, en tanto no aceptemos la primacía del bien común y estemos dispuestos a colocar nuestros intereses personales en segundo plano, seguiremos de picada, sin tocar fondo. La solución de nuestro problema comienza con nuestra conversión personal y con tratar al prójimo como nos gustaría ser tratados. Que Dios nos ilumine, y que en especial ilumine a nuestra clase política, para que vivamos como verdaderos cristianos. Si no cambiamos, si no nos renovamos, seguiremos cayendo sin tocar fondo.

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