NASRALLA, MEL Y LA OPOSICIÓN CONTRA LA DICTADURA

Por Galel Cárdenas

Ha de ser muy difícil para un hombre que se formó en la televisión por más de 40 años, vinculado a la empresa privada, conocedor de las luces y tramoyas televisivas, emprender un camino como el que necesita Honduras, un sendero de liberación, en donde el enemigo esencial del pueblo es un neoliberalismo endemoniado nacional y transnacional.

Y es que no existe otra ruta para que el país se conduzca precisamente por donde se debe combatir la pobreza, la corrupción, volver al código del trabajo y ponerlo a la altura de las necesidades sociales actuales, dar tierra a los campesinos, en realidad, todo aquello que prometió nuestro candidato presidencial con un plan de gobierno que animó al pueblo para votar masivamente por el proyecto de la Alianza de Oposición contra la Dictadura.

Salvador Nasralla sabía perfectamente que nuestra lucha era más que dura, era una lucha a muerte (lo prueban 34 asesinados por la dictadura a manos de la policía militar, guardia asesina) contra la corrupción más horrorosa que se haya podido experimentar en el país.

Pero, no solamente era eso (y es) si no también era la confrontación con Washington y su Departamento de Estado, el encargado de manejar las colonias que bajo su férula se erigen al sur del río Bravo.

Su estrategia de ir a convencer a los halcones que dirigen la política exterior imperial fue un poco ingenua y luchó por desmontarlos de su papel de águilas cazadoras sin haberlo conseguido, para ello se rodeó de asesores conservadores que de algún modo detestan el pensamiento y acción de Manuel Zelaya Rosales, quien como profeta de esta tierra de mares y cielos morazanistas, le había pronosticado que lo iban a traicionar.
Salvador Nasralla jugó el papel más importante de su vida, hasta este año, no sabemos más allá, y en seis meses de manera electrizante y fulgurante, acompañado por el más preclaro de los dirigentes políticos que ha parido nuestra nación, en estos tiempos, se dio a la tarea de cruzar de norte a sur, de oriente a occidente todo el terruño nacional, levantando un emoción y convicción enorme.

Su palabra contundente se metió en el pensamiento y en el alma del pueblo, mientras lo acompañaban candidatos a designados presidenciales de una gran calidad moral y política.

La figura de Manuel Zelaya Rosales lo iluminaba por todo rincón patrio. La palabra de uno de los más más preclaros líderes latinoamericanos lo aupó de manera sincera, honesta y siempre convencida de que Nasralla sería el presidente de los hondureños.
Sin embargo, la lucha estaba dirigida desde Washington contra el proyecto liberador del pueblo hondureño, porque el imperio necesita dictadores que protejan sus intereses extraterritoriales, sus intereses militares regionales y sus negocios espurios.

No se debe de dejar por un lado en la reflexión, que la experiencia política que estamos viviendo por parte de las fuerzas oscuras reaccionarias transnacionales, está determinada como proyecto después convertido en plan, todo lo que ha acontecido dirigido con habilidad maquiavélica por JOH y sus asesores norteamericanos asistidos por la gusanera de Miami.

He dicho en otras partes que es una plancha enorme de peso de concreto la que se cierne sobre nuestra nación tan desgarrada por los antipatriotas militares, empresarios, sacerdotes, pastores y periodistas mercenarios.

Y se debe también recordar que Mel y Nasralla vivieron momentos de gran altura conjuntiva de amistad y compañerismo, reforzado por un sentimiento de franqueza, autenticidad y solidaridad que el comandante brindó a su candidato presidencial, ganador de las elecciones presidenciales 2017.

Pero, el fantasma del anticomunismo que espanta al otrora candidato presidencial de la Alianza Opositora contra la Dictadura, le recorre todo el cuerpo y el alma y fueron los gringos fríos y asesinos allá en su trono jupitereano, quienes le dijeron al oído que Mel Zelaya iba a traicionarlo en su momento.

Al volver de la cuna y capital del imperio más poderoso de la tierra, las piernas le flaquearon al corredor para la silla presidencial. Y un día después de su regreso del viaje a los Estados Unidos, llegó a declarar que se separaba de la Alianza, explicando causas y argumentos fuera de toda lógica política coyuntural.

Tal vez el candidato victorioso de la Alianza debió asumir otra actitud más inteligente que la demostrada en la conferencia de prensa correspondiente, pues, en la calle los jóvenes y el pueblo en general realizaban el paro nacional poniendo 34 muertos, innumerables prisioneros, golpeados y heridos salvajemente por la guardia pretoriana Johísta.

Fue un verdadero balde de agua fría que cayó sobre el pueblo y los dirigentes de nuestra organización aliancista. En otra conferencia de prensa, el líder más importante de la política hondureña, explicó que agradecía sinceramente a Salvador Nasralla haber contribuido a la lucha en los momentos de las elecciones generales, y aclaró entonces que la alianza era de dos partidos políticos LIBRE y PINU.
Así mismo expuso que por ello se denomina Alianza Opositora contra la Dictadura, porque su objetivo primordial es derrotar al dictador y refundar el país, estableciendo de inmediato las directrices atingentes y que la lucha popular y prolongada sigue y sigue hasta la victoria.

Ya el pueblo sabe entonces la directriz que habrá de proseguir, sin amilanarse, sin arrugar el rostro, sin chupar los dientes, poniendo como siempre lo más preciado que posee: su vida, su voz, su alma y su sangre inmarcesible para el tiempo que deviene en pos de la victoria.

Noticias Honduras

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