Juan y el “chop suey” presidencial

Por Herbert Adonis Rivera

El reciente escándalo promovido por algunas gargantas tarifadas contra un segmento de los inmigrantes chinos en Honduras, algunos con hijos hondureños que se dedican a la venta de su muy gustada comida tradicional, ha revelado la poca seriedad con la cual algunos burócratas asumen sus funciones públicas.

De un irresponsable caso bajo la figura de una supuesta venta e ingesta de comida de perro, que resultó ser de cabro o “cablo”, como en su desesperación pregonó el asiático agraviado, resultó un vergonzoso sainete o farsa en la cual la principal agraviada es la comunidad china víctima de un escarnio público en el que consumidores de cerdo los agredieron verbalmente por supuestamente expender carne canina.

En el bochorno con el cual desde la instituciones del Estado, como la Secretaría de Salud Pública y el Ministerio Público se agravió a los chinos, en el afán de figuración mediática muchos de todas partes y de todos los colores y con múltiples motivaciones aparecieron diciendo o haciendo cualquier cosa, pero hacía falta alguien en ese espectáculo tan irresponsable como circense.

Y sí en ese afán cotidianidad mediática para satisfacer el anhelo de ganar adeptos ni siquiera el inquilino presidencial aspirante a quedarse cuatro años más, se quedó por fuera para una degustación bajo los focos de la parafernalia estatal y así –tras el escándalo y la debida rectificación sin las merecidas disculpas- al comerciante chino agraviado y agredido evidenciar su gusto tanto por el chop suey o el arroz chino.

Muy necesitado o acostumbrado a la notoriedad pública debe estar el mandatario para desprenderse de las delicadas tareas de gobernar para -como abanderado de la eficiencia y pregonada modernización en su gobierno- deba salir a atajar los desmadres en su administración para en una comilona sino pública al menos con suficiente cobertura de los medios para que el mundo se enterara que al presidente de Honduras le encanta la comida china.

Una vez satisfecho el ego, queda por aclarar cómo se saldara el perjuicio moral y material causado no solo al chino del restaurante afectado, sino a toda una comunidad de inmigrantes, que generan empleo, pagan tributos y satisfacen el paladar de miles de hondureños que, agraviados por la crisis económica y el desempleo ven esos negocios la oportunidad de salir de la rutina para comer barato diferente a las cadenas de comidas chatarra propiedad de familias dueñas de medios, que más allá de la ideología siempre son afines a los negocios tranzados o por tranzar con el gobierno de turno.

Una vez engullido el arroz chino presidencial, habrá que ver si esa misma diligencia se muestra para resarcir al chino agraviado, pero más allá de estar pendientes de cómo el gobernante satisface su voracidad habrá que estar vigilante de cómo -con palillo incluido- muestra igual diligencia para desenredar el chop suey de los grandes escándalos de corrupción, que como el del Seguro Social, tiene en aprietos a su gobierno ante la opinión pública y en especial a sus ambiciones reeleccionarias.”

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